¿Te ha pasado que cuando quieres crear una cuenta en un sitio web te pasas un buen rato tratando de demostrar que eres un ser humano?
Antes lo único que tenías que hacer era pulsar el botón de «no soy un robot» o teclear en una ventana la secuencia de letras que aparece en pantalla y parece sumergida en agua.
Ahora debes pasar distintas pruebas, como esa en la que se te muestran unas imágenes segmentadas y tienes que responder, por ejemplo, cuántos puentes, señales de tráfico o árboles ves en ellas. Pero ¿lo que se ve en la esquina de la imagen es una rama o la sombra de un poste?
El proceso suele ser tan complicado que puedes llegar a sentir que más bien estás tratando de pasar un test psicológico o una prueba de admisión de una universidad.
Y todo se debe a un sistema automatizado llamado Captcha que, en su versión avanzada, pone a prueba tu capacidad de reconocimiento invariable, de segmentación y de análisis sistematizado.
El problema es que la inteligencia artificial aprende, y siempre más rápido, así que las primeras pruebas perdieron su efectividad.
Para eso, Google ha estado desarrollando la nueva generación de Captcha, llamada reCaptcha v3.
Esta combina las cookies que dejamos, las características del navegador que utilizamos, patrones de tráfico y otros elementos para evaluar el comportamiento humano «normal».
Todo, para que no tengas que diferenciar una rama de árbol de la sombra de un poste eléctrico para poder entrar a un sitio web.
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